Dalton, Roque
Poeta y militante revolucionario salvadoreño. Nacido en San Salvador, el 14 de mayo de 1935 y asesinado en esa misma ciudad, el 10 de mayo de 1975. Hijo de la enfermera María García y del empresario de origen estadounidense Winnal Agustín Dalton. Sus primeros estudios se dieron en el Colegio Bautista y en el Externado de San José, colegio religioso a cargo de la Compañía de Jesús. En 1953, viajó a Chile para estudiar Derecho en la Universidad de Chile. En el contexto político del país sudamericano de aquel momento, pudo tomar contacto con militantes de diferentes tendencias ideológicas. Pudo presenciar el Congreso Continental de la Cultura, organizado por Pablo Neruda. Hizo una entrevista con el muralista mexicano Diego Rivera, quien lo cuestionó duramente por no saber qué era el marxismo. Además, en la Universidad de Chile es probable que haya tenido contacto con el líder comunista salvadoreño Schafik Handal, quien estaba exiliado en el país sudamericano por su actividad política, y era representante de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH). Como lo reconoció Dalton en una entrevista en Radio Habana Cuba, ese viaje hizo que se quisiera vincular con la realidad de El Salvador.
En 1954, vuelve a su país, donde se inscribe en la Facultad de Derecho de la Universidad de El Salvador. Se vincula al Partido Comunista de El Salvador (PCS) y realiza una intensa actividad intelectual, artística y política. Fue miembro del Círculo Literario Universitario, junto a los poetas Roberto Cea, Roberto Armijo, Manlio Argueta, Tirso Canales y otros escritores militantes. En las páginas de periódicos como Diario Latino, La Prensa Gráfica y El Diario de Hoy, debatió intensamente sobre temas literarios, particularmente, sobre el tema del compromiso del escritor.
Entre 1959 y 1960, en el contexto de una ola de protestas contra la represión desatada por el régimen del teniente coronel José María Lemus, protagonizó diferentes actividades públicas. En ellas, Dalton fue un destacado orador en concentraciones de la oposición antigubernamental; también tomó parte en un desfile bufo disfrazado de porrista junto a otros jóvenes universitarios y creó, con otros poetas, un periódico llamado La Jodarria, Órgano Viril al Servicio del Mal Humor, donde, con un sentido humorístico y procaz, satirizaba al presidente Lemus, a personeros del gobierno, jerarcas de la iglesia e intelectuales de la oficialidad. Esas actividades provocaron las amenazas a muerte de un frente de ultraderecha, que publicó un comunicado titulado “Universitarios malditos”, donde lo señalaban a él, junto a autoridades universitarias e intelectuales como comunistas y promotores de actos obscenos.
En ese contexto, fue capturado en dos ocasiones. La primera, fue junto a su esposa Aída Cañas, también militante revolucionaria, y dos trabajadores. Cañas y Dalton recuperaron después su libertad, desconociéndose si los trabajadores pudieron hacerlo también. En la segunda oportunidad, Dalton fue dado por desaparecido, pues ningún cuerpo represivo reconocía su captura. La movilización de su madre y de su esposa, así como de miembros de la Universidad de El Salvador e intelectuales, presionaron al gobierno para que reconociera la captura. Dalton permaneció en prisión en la Penitenciaría Central, hasta que un golpe de Estado depuso a Lemus. Gracias a la intervención del embajador de México en El Salvador, Dalton logró exiliarse en dicho país.
Tras una estancia en Cuba, donde se vincula a la institución cultural Casa de las Américas y a Radio Habana, recibe entrenamiento militar junto a un contingente de militantes salvadoreños, regresa a El Salvador, para ser capturado nuevamente, en un operativo orquestado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y los militares salvadoreños. Esto ocurrió en 1964.Tras ser interrogado por un agente de la inteligencia estadounidense, sin mayor éxito, es trasladado al penal de la ciudad de Cojutepeque, del cual logra huir. Logra volver a Cuba por un tiempo breve. El PCS le asignó la tarea de formar parte del Consejo de Redacción de la Revista Internacional-Problemas de la Paz y el Socialismo, publicación de los partidos comunistas prosoviéticos, cuya sede se encontraba en Praga, antigua Checoslovaquia. Dalton se desplaza hacia la capital centroeuropea, donde lo recibe Jorge Arias Gómez, un cuadro del PCS veterano de las luchas contra la dictadura de Hernández Martínez y biógrafo de Farabundo Martí. En las reuniones del consejo de redacción de la Revista Internacional (ubicada originalmente en el antiguo edificio de Rudé Právo, el periódico del Partido Comunista Checoslovaco, demolido en 2012, y trasladado desde 1959 al antiguo Seminario de la Iglesia Católica, “en la Calle Thákurova 3 en el barrio Dejvice” [Zurek, 2015, p. 110]) y en el ambiente político praguense coincide con figuras como José Manuel Fortuny, Longino Becerra, Ramón Amaya, Saverio Tutino, Régis Debray, Elizabeth Burgos, Álvaro Delgado, Kiva Maidanik y otros. Dalton experimenta dos desencuentros: Uno, con el marxismo burocrático, y el otro, con las expresiones escuchadas de labios de jóvenes checos que departían en la taberna U Fleků:
Yo partí del asombro político que, como comunista extranjero en Praga, experimenté al encontrarme con un panorama ideológico que no esperaba encontrar en un país que llevaba veinte años de socialismo. Además, la experiencia del socialismo que yo tenía era la cubana, donde el sentido de lo heroico, el fervor de la revolución, el orgullo de ser comunista y revolucionario, eran, desde luego, el pan de cada día para la juventud; en cambio la problemática planteada por los jóvenes praguenses era una mescolanza de misticismo, religiosidad, anticomunismo, esnobismo, nihilismo; o sea, una cantidad de formas ideológicas que el imperialismo exporta para el consumo de los pueblos que él mismo se encarga de oprimir (Benedetti, 1976, p. 41).
Precisamente, estas conversaciones escuchadas al azar fueron la materia prima de su poema “Taberna”, en el libro Taberna y otros lugares. Zurek (2015) recuerda que la temporada de Dalton en la capital checoslovaca fue muy fructífera literariamente:
Durante su estancia en Praga ente 1966 y 1967, Dalton se dedicó, además de los artículos para la revista, a su propia obra literaria. Al lado del libro Miguel Mármol, los sucesos de 1932 en El Salvador, el relato autobiográfico del superviviente de la masacre de 1932, a quien entrevistó en Praga en 1966; escribió allí la sección final de su obra más famosa que consagró la originalidad de su poesía, Taberna y otros lugares, galardonada por el premio Casa de las Américas en 1969 (Zurek, 2015, p. 111).
Efectivamente, Dalton aprovechó para entrevistar a Mármol, un veterano comunista que sobrevivió a la matanza de 1932, viajó a Checoslovaquia para asistir a un congreso del PC checoslovaco. El libro en cuestión, publicado por la editorial EDUCA, dirigida por el poeta salvadoreño Ítalo López Vallecillos, apareció en 1972. El poemario Taberna y otros lugares, significó el reconocimiento literario de Dalton a nivel latinoamericano.
El poeta salvadoreño pudo constatar que, en el ambiente político que reinaba en la Revista Internacional, predominaban los criterios y los intereses del Partido Comunista de la Unión Soviética y de los representantes afines a dichos criterios e intereses (Zurek, 2015, p. 113). A principios de 1968, el poeta salvadoreño y su familia vuelven a Cuba. Aparte del premio que obtuvo en el certamen de Casa de las Américas en 1969, Roque profundiza sus discrepancias con el PCS y termina rompiendo con éste. Después de un período considerable, se vincula con el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP. No confundir con la organización homónima conocida también como Montoneros en la Argentina), a través de su dirigente Alejandro Rivas Mira.
Regresa a El Salvador en diciembre de 1973. Incorporado a la nueva organización con el seudónimo de Julio Dreyfus Marín, o “Tío Julio”, el intelectual salvadoreño toma parte de algunas acciones armadas, como la toma de una radio, pero lo más relevante es su trabajo de análisis político, plasmado en publicaciones como Algunas enseñanzas de Vietnam (Dalton, 1976) y en su último libro de poesía, Historias y poemas de una lucha de clases.
En una trama política sumamente compleja y de la cual todavía no se ha hablado con claridad, Dalton es capturado por miembros de la organización, junto a Armando Arteaga, Pancho, también militante del ERP. Las diferencias políticas con el grupo de Rivas Mira, Joaquín Villalobos y otros, en el seno de la organización, condujeron a la ejecución de Dalton y Arteaga en un lugar aún desconocido.
Aportes al pensamiento marxista latinoamericano
Es indiscutible la relevancia de la obra de Dalton en la historia literaria salvadoreña. Son menos reconocidos sus aportes como intelectual y político al marxismo latinoamericano, cuestión que, sin embargo, no debe deslindarse de su creación literaria.
Durante el período comprendido entre 1956 y 1960, aproximadamente, que es, por tanto, la etapa del inicio de su militancia en el Partido Comunista, el poeta publicó una serie de artículos en los principales periódicos salvadoreños en los que defendió la idea del compromiso militante que a su juicio debería emprender todo artista con sensibilidad social. Al igual que Jorge Arias Gómez y otros intelectuales de izquierda, Roque Dalton planteó en esos mismos espacios que era importante honrar la memoria del líder indígena Anastasio Aquino, quien encabezó un levantamiento contra las autoridades de San Salvador en 1833. Esto tiene un enorme valor, pues hay que recordar que en ese período la historia oficial de la clase dominante no había sido cuestionada a fondo y, por tanto, figuras como Aquino o Farabundo Martí eran estigmatizadas y vilipendiadas.
Por otra parte, a raíz de su viaje a Moscú en 1957, donde asistió al Festival Mundial de la Juventud Democrática, Roque publicó sus impresiones sobre la capital soviética en la revista literaria El Gallo Gris, que dirigía el poeta Oswaldo Escobar Velado. Como puede apreciarse, el poeta hizo una labor ideológica en los medios de comunicación a los que tenía acceso. Este tipo de actividad se puede entender como una “guerra de posiciones”, en la cual aprovechó ese tipo de espacios para poner en circulación puntos de vista críticos sobre la realidad del país en un contexto de dictadura militar, cuando el PC tenía escasos años de haber comenzado a reorganizarse.
Dalton forma parte de una tradición marxista que busca enraizarse en la realidad latinoamericana, en vez de adscribirse a la corriente eurocéntrica predominante en el contexto de los partidos comunistas latinoamericanos. De ahí, por ejemplo, su interés en recuperar la historia de las luchas populares en El Salvador y de cuestionar la historiografía oficial al servicio de las élites dominantes. Trabajos poéticos como los versos dedicados a Anastasio Aquino reunidos en La ventana en el rostro (Dalton, 1961, pp. 75-87) y escritos como la Monografía de El Salvador (Dalton, 1965), dan cuenta de que el autor salvadoreño estaba comprometido en articular una historia de El Salvador desde la perspectiva de los sectores populares. Es en Historias prohibidas del Pulgarcito (Dalton, 1974), donde, mediante recursos vanguardistas como el collage, el autor propone una nueva forma de entender la historia del país centroamericano, apelando a sus lectores a comprometerse por transformar esa realidad de injusticia y explotación.
El papel político de Roque Dalton en las discusiones de la izquierda latinoamericana
Dentro de los aportes de Roque a un pensamiento marxista crítico, es necesario destacar el papel importante que tuvo dentro de los debates de la izquierda latinoamericana en las décadas de 1960 y 1970, donde se debatía el problema de las vías de la revolución. El marxismo tradicional, desde una lectura eurocéntrica, planteaba que la “revolución democrático-burguesa” era un paso ineludible hacia la construcción del socialismo. Es decir, partiendo de la premisa de que las formaciones económico-sociales de la región se encontraban en un período semifeudal o cuasifeudal, conviviendo con formas capitalistas, el paso lógico que debían tomar los partidos de vanguardia sería el de dirigir la sociedad hacia un período transitorio de capitalismo para luego saltar al socialismo. Por tanto, la lógica lineal y progresiva de los diferentes modos de producción que había experimentado la Europa industrializada era aplicable universalmente. Este planteamiento se discutió ampliamente en América Latina. A la luz de la Revolución cubana, surgió el cuestionamiento sobre si esta hipótesis gradualista era aplicable para América Latina. Desde diferentes ámbitos, como la teoría marxista de la dependencia, los nuevos movimientos revolucionarios y, es necesario decirlo, la recuperación de las tesis de José Carlos Mariátegui, tomó cuerpo un planteamiento distinto: el de la “actualidad de la revolución” (Dalton, 1989b): no la revolución socialista para un futuro indeterminado, sino para ese momento histórico, pero también una revolución que parta de las tradiciones de lucha propias de cada país: las luchas obreras, sí, pero también las luchas campesinas, las luchas de los pueblos originarios, de “negros”, “pardos” y “castas” en la colonia, de las mujeres protagonistas de momentos claves en esas luchas, como lo fueron, por ejemplo, las mujeres comunistas que participaron en el derrocamiento de Maximiliano Hernández Martínez, en las luchas antidictatoriales subsiguientes y, más adelante, en los inicios de la lucha armada en el país centroamericano.
Cuando Roque publicó El Salvador. Monografía, en 1962, durante su primer exilio en Cuba, apoyaba la tesis de la revolución democrático-burguesa. Sin embargo, gradualmente se deslindó de este planteamiento hasta romper con el Partido. A esto contribuyeron algunos factores como su experiencia en los primeros años de la Revolución cubana, durante los cuales recibió entrenamiento militar con otros militantes del PC salvadoreño, aunque la lucha armada no se concretó en ese momento, pues el instrumento creado para ello, el Frente Unido de Acción Revolucionaria (FUAR), fue desmantelado por decisión de la dirección del partido, que se decantó por la lucha política semilegal por vías no armadas.
El paso de Dalton por Praga y en la Revista Internacional, también hizo lo suyo. Recordemos que la postura predominante en la revista era la afín a la línea internacional de la Unión Soviética, con la notable excepción de Kiva Maidanik, quien era más cercano a los planteamientos de la Revolución cubana.
El suceso que puso en evidencia las discrepancias entre estas posturas fue la muerte de Ernesto Che Guevara en 1967:
No sorprende que la Revista Internacional (Problemas de la Paz y del Socialismo) no prestara casi ninguna atención a la muerte del Che Guevara en Bolivia. La única excepción fue el acto de homenaje donde participaron algunos miembros de la redacción. El primero en ocupar la tribuna con su discurso para destacar el significado del Che fue Roque Dalton. El autor del artículo sobre el acto que encontramos en las últimas páginas de la revista fue José Manuel Fortuny. La presencia de estas dos personas, “herejes” desde el punto de vista de la doctrina soviética, es simbólica (Zurek, 2015, p. 111).
Dalton constató que no sólo era que se evitaba hablar del Che, sino que había una auténtica animadversión, como el autor expresó en estos poemas:
Caminando yo por la Narodni Trida una mañana de sol
hablando de la posibilidad de tomar una cerveza
con Heberto Padilla,
este poeta que suele ser mi mala conciencia,
cuando desde un altoparlante se escuchó
nítidamente el nombre del Che Guevara.
Bueno, dijimos, vuelven
a darse noticias sobre Cuba, no es
una mala señal.
Luego nos enteramos de que se trataba
de una información
que destilaba
alegría, gozo,
porque al fin ese bakuninista y trotskista argentino,
ese aventurero de la Economía,
había sido expulsado del equipo de gobierno cubano
y ello anunciaba desde luego que aún había esperanzas
de que toda Cuba
volviera al camino de la sensatez.
(Dalton, 2015, p. 101)
O en estos versos, de Taberna y otros lugares:
Entre la niebla saludibilísima
más de algún hijo de puta
seguirá riendo por lo que dicen del Che Guevara
y en los supermercados las gordas viejas seguirán la cola de la línea pacífica
para comprar compotas y yogurt (Dalton, 1989a, p. 111).
En la reunión a la que alude Zurek, Dalton pronunció estas palabras, según el artículo de Fortuny:
La vida y la muerte del Che Guevara explican a la América Latina en múltiples sentidos y en el más alto nivel; son la expresión, no por singular menos representativa, de las inquietudes que bullen en los corazones de un conjunto de pueblos a los cuales une la voluntad de liberación de su opresión secular y de forjarse una vida nueva; constituyen el ejemplo más palpitante de una idiosincrasia colectiva que amasa el pan de la victoria final en el sabor de la tragedia y la cólera en los labios (Citado en Fortuny, 1967).
Al volver a Cuba, rompió con el PCS, como apuntamos. Jorge Arias Gómez da testimonio de ello en sus memorias sobre Roque:
Nada me dijo, pese a nuestra entrañable amistad, y ni siquiera dejó traslucir, su decisión, al parecer ya tomada, de separarse del PCS, aunque era advertible su desencanto de permanecer en sus filas.
En ese mes de mayo, en que los tulipanes rompían, silenciosamente, con los dedos de sus pétalos la blanca nieve que todavía les cubría, y en los meses subsiguientes, pudimos advertir el preámbulo de lo que pasaría a la historia con el nombre de “La primavera de Praga” (Arias Gómez, 1999, p. 20).
En el ámbito intelectual, planteó que el intelectual militante debía incorporarse a la lucha armada para ponerse a la altura de la historia:
Los campos se delimitan cada día más y por ello es que resulta necesario establecer ciertas precisiones que pueden parecer tajantes.
En cuanto a los intelectuales, específicamente en cuanto a los escritores y artistas, la muerte de Otto René Castillo (y las posteriores de Leonel Rugama, el combatiente del Frente Sandinista de Liberación Nacional de Nicaragua; de Roberto Obregón Morales, el poeta guatemalteco asesinado en complicidad por las autoridades de Guatemala y El Salvador), la muerte del guerrillero revolucionario, del combatiente comunista, viene a decirles que ya la violencia armada invadió en Centroamérica los terrenos de la cultura y estará presente hasta en el último rincón de la más hermética torre de marfil; que en Centroamérica, lenta y penosamente comenzó y está asegurando sus raíces la guerra de los pueblos. [...] El ejemplo de consecuencia de Otto René Castillo deberá inspirar a los hombres de cultura de Centroamérica para hacerse cargo de sus duras responsabilidades históricas (Dalton, 1975, p. 28).
La obra política de Dalton todavía necesita ser estudiada y recuperada para el presente. Sus aportes tienen un lugar importante en la historia del marxismo latinoamericano.
Referencias
Arias Gómez, J. (1999). En memoria de Roque Dalton. Editorial Memoria.
Benedetti, M. (1976). Una hora con Roque Dalton. Abra, 1(18), 40-45.
Dalton, R. (1965). El Salvador: Monografía. [Editorial no identificada].
Dalton, R. (1975). Otto René Castillo: Su ejemplo y nuestra responsabilidad. En O. R. Castillo, Informe de una injusticia (pp. 9-29). EDUCA.
Dalton, R. (1989a). Taberna y otros lugares. UCA Editores.
Dalton, R. (1989b). Un libro rojo para Lenin. Editorial Nueva Nicaragua.
Dalton, R. (2015). Un libro levemente odioso. Ocean Sur.
Fortuny, J. M. (1966). Acto de homenaje al Comandante Ernesto Guevara. Revista Internacional (Problemas de la Paz y el Socialismo), (11), 96–98.
Zurek, M. (2015). La Revista Internacional (Problemas de la Paz y del Socialismo) y América Latina en los años 1958–1968. Ibero-Americana Pragensia, (40), 101-125. https://www.academia.edu/20260447/
